domingo, 9 de octubre de 2011

DE LA HOUSE A LA UNIVERSIDAD

Primero que todo hay que decir que me compré una moto último modelo, - jajaja- no mentiras, es un poco pasada de moda pero aguanta, lo importante de todo esto es no tener que asfixiarme en un…metrolínea en el que uno va como animales empacados, encima hay que pagar para ir parados y de paso lo manosean a uno sin darse cuenta quién.

La verdad es que todo tiene sus desventajas, pues el primer día que emprendí mi viaje hacia la universidad fue un caos total; aclaro que vivo lejos, en el barrio Dangond cerca del famosísimo colegio INEM. La ruta que escogí fue la carrera 27 por consejo de mi familia que supuestamente conoce mucho de la ciudad. Para empezar salí de mi casa a las nueve de la mañana, día viernes el cual tengo clase de Tecnologías y Educación a las diez, a la cual siempre llego tarde.

Al ir saliendo de mi barrio hay varios policías acostados o muertos como dirían allí, los cuales me los comí todos, pero bueno esto solo es el comienzo. Al continuar el recorrido se me atravesó un perro y casi me caigo, pero fue más el susto; entrando a la carrera veintisiete, después de la Puerta del Sol, me comí un semáforo en rojo, definitivamente son muchas cosas en las que uno se debe fijar, los cambios de la moto, las direccionales, los semáforos, la distancia que se debe guardar entre los carros, la expectativa que se debe  tener de que le pueda salir alguna persona o animal a la mitad de la calle y, además, tenerle pavor a los conductores de bus o taxistas que no perdonan nada, si por ellos fuera lo saltaban a uno para llegar más rápido a su destino.

Era la primera vez que manejaba fuera del barrio, era la calle y que peligrosa es; es en ese momento en el que uno se da cuenta como son de imprudentes los peatones, según ellos el automóvil o la moto se ve lejos pero cuando los tienen encima ahí sí corren. Seguía en la vía rumbo a la UIS cuando de pronto el carro de adelante frenó en seco y le  pegué por detrás, claro que la culpa fue mía por no mantener la distancia, menos mal a la  camionetica  no le pasó ni un rasguño porque si no me hubiera tocado dejar empeñada la moto – jajaja- o mejor dicho me hubiera quedado empeñada yo misma.

El señor se bajó del carro y le miraba y le miraba el guardabarro a ver que la había pasado a este, mientras tanto yo con un dolor en las costillas pues me había golpeado con el tablero de mi moto, pero la verdad el dolor que más tenía era el del golpe de la  moto ya que se partió la parte de adelante. Bueno con todo y eso, el señor al revisar su carro y no verle algún daño siguió su camino y yo también que más podía hacer.

En ese transcurso de donde ocurrió el accidente a la universidad me fui reflexionando de lo difícil que es tener una moto, no solo por los gastos que uno tiene sino por el peligro que uno corre. Todo esto me sirvió de experiencia y día a día se aprende un poco más acerca de las reglas y los cuidados que se deben tener al conducir cualquier medio de transporte.

Ya para no aburrirlos más con esta osadía de mi viaje a  la universidad quiero decirles que prefiero andar en taxi porque lo que es en moto uno  se asolea, se moja,  corre peligro a cada instante y se tiene que aguantar los insultos de los demás…, y lo que es en metrolínea se asalta la dignidad de las personas. Como se diría en francés TERRIBLE, CE N’ETAIT PAS MON JOUR.


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