LA PRIMERA CARTILLA
Para empezar, una relación sobresaliente que se puede establecer entre los textos “Aprender a leer” de Bruno Bettelheim y “Por qué vendió su cartilla Pinocho” de Beatriz Caballero es el hecho de que desde siempre se ha insistido en la enseñanza de la lectura a través de un texto o cartilla como se la ha venido llamando en años. Esta con la intención de que el niño pueda aprender a leer en la escuela en sus primeros años y con el acompañamiento del maestro el cual es un factor crucial para que este logre entender y comprender el proceso de lectura, ya que el profesor es para el niño la única verdad, la cual es reforzada por el libro de lectura.
Por otra parte, se puede decir que la verdadera importancia de aprender a leer no se trata sólo de distinguir las vocales, las consonantes y estas entre sí, sino también de encontrar su verdadero significado y poderlo relacionar con el mundo, encontrando una manera divertida de demostrar que se sabe leer y escribir. Pero hoy día se puede observar la desaparición que tenía la importancia de estas dos, al implementar la máquina de escribir y, asimismo, el computador con el cual todo se consigue con gran facilidad a través del internet, desvaneciendo la habilidad de escritura.
Asimismo, se ha hecho evidente que las cartillas siguen la misma estructura de los libros de texto de hace cincuenta o más años, aunque muchos pedagogos e ilustradores hayan tratado de mejorarlas por medio de dibujos y otras cosas que llamen la atención del niño.
De igual forma, se debe tener en cuenta que los libros de texto expuestos a los niños en sus primeros años además de ser didácticos deben estar fundamentados en la realidad, es decir, no sólo mostrar una familia perfecta sino también otro tipo de cosas que lleven al niño a sentirse enfrentado con el mundo que lo rodea y no con el que se vivía hace años, como dice Beatriz Caballero en su escrito mencionado anteriormente: “Las cartillas le ponen al niño un modelo muy diferente de lo que es él, o tiene posibilidades de ser, o le gustaría ser, si seguimos de acuerdo en que a los niños les gusta más el Pinocho de madera que el de carne y hueso. Le muestran un modelo familiar estereotipado, con papeles sexuales fijos. Un mundo de espacios y costumbres diferentes, que no puede identificar: extraño para él, que no conoce o no le pertenece porque ya pasó, era de sus padres o abuelos o parece de otra parte”[1].
CABALLERO, Beatriz. ¿Por qué vendió su cartilla Pinocho? Bogotá: Boletín Cultural y Bibliográfico Número 6, Volumen XXIII, 1986.
No hay comentarios:
Publicar un comentario