TRABAJAR Y ESTUDIAR
Trabajar y estudiar es algo complicado, pues el tiempo es poco para todo lo que hay que disfrutar. La verdad mis padres siempre me han colaborado en todo lo que necesito, por eso nunca había pensado en tener un trabajo, por lo menos mientras estudiaba en la universidad; pero eso cambió al comprar moto y endeudarme, ahora tengo que hacerlo para pagar mis caprichos.
Así fue como comenzó la tarea de buscar trabajo, pero que trabajo podía ser si la UIS quita mucho tiempo, pues lo digo por los horarios, ya que son extensos y, además, son mañana y tarde. Mirando el tiempo libre que tenía me di cuenta que podía trabajar en algo que fuera para los fines de semana, es decir, viernes, sábado y domingo.
Era octubre y estábamos en una situación complicada en la universidad por la reforma de la ley 30, a causa de esto nos mandaron a vacaciones y, por tanto, era mucho más fácil cuadrar los horarios para el trabajo que encontrara.
Entonces, tomé el computador y empecé a buscar en los clasificados de la vanguardia a ver que podría salir, pues vaya sorpresa salieron muchos trabajos para meseras los fines de semana. Así que llevé la hoja de vida a cabecera que fue el que más me llamó la atención.
Al llegar allí salió una pareja muy amable, eran los dueños de una fuente de soda muy bonita. Les entregué la hoja de vida, la ojearon y, luego, me dijeron que cualquier cosa me llamaban, que estaban estudiando varias hojas de vida; como en todo trabajo los jefes se hacen los importantes.
Bueno, salí de ahí esa tarde y como a las seis me llamaron a decirme que estaba contratada, que les había gustado mi perfil. Eso fue un lunes y como era temporada, pues ya se acercaba diciembre, entonces tenía que trabajar los días jueves, viernes, sábados y domingos.
Entraba a las dos de la tarde y salía a las dos, tres y hasta cuatro de la mañana. Bueno, muchas veces el día aguantaba porque había clientes de clientes que me dejaban buenas propinas. Estas eran las que me ayudaban a cuadrar el sueldo.
Bien, se imaginaran cómo es este trabajo, atender mesas, lidiar con borrachos o borrachas, pues no faltan las viejas intensas pidiendo una canción y, peor aún, de Diomedez o Martín Elías; el acabose. Bueno, todo lo que uno se tiene que aguantar en una guarapería como dice mi madre.
Al principio, todo iba muy bien hasta que empezaron a explotarme; querían que le hiciera aseo al lugar, me dejaban sola muchas veces por irse a beber, sin decir todas las cosas con las que uno tiene que lidiar, pero esto no acaba ahí, me delegaron mucha responsabilidad y por el mismo sueldo.
Cuando entré este año a estudiar todo fue más complicado, ya que no me quedaba tiempo de nada, pues entraba a las dos y salía a las tres supongamos, en la mañana dormía, medio comía al medio día. Así que el único tiempo que tenía para estudiar y repasar los textos de la universidad, que no son pocos, era muy corto.
Ya fue tal el agotamiento físico que tuve que renunciar, esa pareja amble que conocí eran unas de esas muchas personas explotadoras que creen que porque tienen dinero lo pueden a uno tratar como un esclavo. Aquí cabe decir una frase de una amiga de la universidad, mi querida Álix: “típicos negreros”.
De nuevo mis padres pagando mis caprichos y hasta más.
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